miércoles, 31 de agosto de 2016

¿Me haces una dieta?




A todos los nutriólogos, me aventuro a decir que sin excepción, nos ha pasado que al enterarse de nuestra profesión, la gente tiende a hacer la pregunta clásica e insensata "¿Me haces una dieta?". Amablemente respondemos "¡Claro! Sólo que necesito verte en consulta para medirte y pesarte" y contestan con otro clásico e insensato que termina siendo muy molesto "Mido uno setenta y peso como... pues yo creo como unos ochenta". Como si fuéramos a hacerles su dieta en medio de la fiesta.

 
Lo que todas esas personas desconocen es que decimos "medir y pesar" porque es más fácil que:

"Tengo que hacerte una evaluación antropométrica completa para identificar tu índice de masa corporal, porcentaje de grasa, de masa muscular, de agua, de masa ósea, tu grasa abdominal y visceral, complexión y edad metabólica a partir de variables como talla, peso, perímetro braquial, de cintura, cadera, muñeca, muslo y pantorrilla, anchura de codo, pliegues cutáneos bicipital, tricipital, suprailíaco y subescapular -por mencionar los mínimos indispensables-, o bien, hacer esto con impedancia bioeléctrica. Posteriormente y con base en estas medidas debo calcular tu gasto energético basal y a esto sumarle el efecto termogénico de los alimentos y la actividad física previamente interpretada en porcentaje o factor de AF según el tipo de ejercicio, la intensidad, el tiempo y la frecuencia con que lo realizas. Ya que tenga tu gasto energético total debo compararlo con tus hábitos alimentarios mediante un recordatorio de veinticuatro horas, frecuencia de alimentos y/o más instrumentos similares que me permitirán conocer tu ingesta calórica habitual, el tipo y calidad de macro y micronutrimentos y la periodicidad con que los consumes, así como el número de comidas que realizas en el día y la separación entre cada una de ellas. Para esto también debo conocer tu rutina y el tipo de actividad que desempeñas para establecer si eres sedentario, activo o muy activo, al igual que antecedentes heredofamiliares y personales patológicos y no patológicos, en especial para saber si tomas algún medicamento o si presentas algún síntoma, común o inusual,  gastrointestinal, respiratorio, psicológico o de cualquier tipo, además de que debo observar cualquier signo clínico de deficiencia o toxicidad de algún nutrimento que obviamente no vas a mencionar porque no sabes que eso existe. Finalmente puedo hacer un análisis de las causas que provocan alteraciones en cualquiera de tus indicadores y proceder a hacer un plan de alimentación adecuado a tus necesidades y enfocado a tus objetivos que, por cierto, también implica otros cálculos además de tu gasto energético total, como el equilibrio entre macronutrimentos, cantidad de proteína por kilogramo de peso, porcentajes de adecuación y distribución por tiempos de comida, así como la interpretación de eso a preparaciones de alimentos para que sea más sencillo para ti entenderlo y llevarlo a cabo. ¡Ah! y claro, no sin antes tomar en cuenta qué alimentos no te gustan."

Pero sí, no hay problema, seguro todo eso podríamos determinarlo sólo con peso y talla.

No tomen a mal mi agresividad, amigos no nutriólogos, comprendo que es difícil imaginar algo que se desconoce; a todo el mundo le pasa con otras profesiones. Yo, por ejemplo, no sé qué hace un Licenciado en Ciencias Políticas y no por eso cada que veo uno le pregunto: "Oye, ¿me...?". No, en serio, no tengo idea. 
 
Lo importante aquí es que la profesión del nutriólogo cada vez es más conocida y sigue siendo subestimada. No es coincidencia que sea porque pretendemos cambiar algo que las personas ya "saben"; pero si analizamos la situación cabalmente, no saben nada -o pretenden no saber porque es más cómodo-.

Todo está en constante evolución, el mundo dejará de ser inflexible con los nutriólogos y nosotros dejaremos de serlo con el mundo. Confíen y ya no nos pidan dietas en lugares random.



lunes, 29 de agosto de 2016

La consulta de nutrición







Desde siempre se le ha imbuido a la población que el único profesionista indispensable que tiene conocimientos que nadie más posee y su trabajo no es sustituible por el ingenio o la experiencia humana, es el médico… y, en parte, es verdad; pero incluso esta acción está mal encaminada, ya que sólo se acude a él hasta que se presenta una serie de síntomas que inhabilita para seguir con las actividades cotidianas, después de haber intentado por todos los medios encontrar una cura por cuenta propia, principalmente por remedios caseros o automedicación.

Es muy poco frecuente que exista una cultura de prevención, en donde lo ideal sería asistir con los profesionales de la salud antes de que apareciera cualquier padecimiento y no después. Asimismo, es inusual acudir con profesionales no médicos de este ámbito, a pesar de que están sumamente involucrados con la prevención y tratamiento de enfermedades, especialmente la primera. No se ha educado a la gente para solicitar asesoría sobre cómo tener un estilo de vida adecuado, mucho menos bajo la explicación lógica de todo el dinero, tiempo y salud que ahorrarían si empezaran a ocuparse por estar sanos en lugar de preocuparse cuando ya están enfermos.

Desafortunadamente, ante la obviedad de que la alimentación es una de las cosas más importantes de la vida, muchos lo ignoran; aspectos básicos como el habitual dolor de cabeza o cansancio que una persona percibe a lo largo del día, pueden tener una causa muy simple: consume menos energía de la que gasta. Todo individuo necesita determinada cantidad de energía –expresada en kilocalorías- que únicamente va a poder obtener de los alimentos; su requerimiento dependerá de su peso, estatura, edad, sexo, metabolismo y la actividad física que realice, es decir, en cada persona es diferente. Si no ha consumido lo suficiente para sus actividades, siendo el cerebro el primer órgano afectado ya que éste funciona a base de carbohidratos –la principal fuente de energía-, presentará, consecuentemente, dolor de cabeza. Y antes de pensar si ya ha comido lo necesario, pensará en qué medicamento tomar para que el dolor cese.

Hay que tener claro que, comúnmente, se ingieren más calorías de las que se gastan, el problema radica en que no se distribuyen adecuadamente, se deja al organismo varias horas sin ninguna fuente de energía y se satura en pocas comidas al día con alto contenido calórico que no será ocupado del todo en ese momento, por lo que, además de sentir fatiga todo el tiempo, el excedente empezará a almacenarse como reserva energética en el tejido adiposo, lo que causará sobrepeso y obesidad a largo plazo, con sus respectivas complicaciones. No sólo la cantidad es importante, la calidad de lo que se consume es un factor determinante en la salud, junto a otros agentes como la herencia y el medio ambiente.

Asistir a consulta con el nutriólogo podría prevenir enfermedades hasta en un 70%, debido a que es el único profesional facultado para prescribir planes de alimentación personalizados al valorar el gasto energético y necesidades individuales, orientando sobre el tipo de alimentos que se deben comer y el momento apropiado del día para hacerlo y, de esta manera, mantener un buen estado de salud.