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miércoles, 26 de octubre de 2016

¿Comer frutas engorda?


Partiendo de la premisa que ya habíamos tratado anteriormente: no, ningún alimento "engorda" o, dicho de una mejor manera -antes de que salga la tan old fashion joke "el alimento no engorda, engordas tú"-, ninguno hace subir de peso; no por sí solos.

Ya habíamos quedado que el universo y el cuerpo humano no funcionan tan simplonamente y que se debe considerar la cantidad y la manera en que se absorbe un alimento para saber si éste nos va a poner redonditos y no discriminarlos sólo porque sean harinas o frutas o grasas. Incluso dentro de estas clasificaciones existen diferencias; aun poseyendo características similares, cada alimento es único e irrepetible, por lo que no es lo mismo comer media taza de azúcar que media taza de avena o un plátano que una lima, aunque todos contengan carbohidratos, por ejemplo. 

Aclarado ese punto, pasemos al siguiente que confiere a esta publicación. Los mitos sobre alimentación no sólo han tomado auge gracias a las redes sociales y la histeria colectiva, sino que se han hecho tan variados, al igual que sus argumentos, que alguien que no sea experto o conocedor del tema fácilmente se puede confundir. Y no los culpo; antes de sumergirme en este mágico mundo de la bioquímica, la bromatología y la fisiología, yo también creía muchas cosas equivocadas sobre la alimentación porque no sonaban tan descabelladas. Pero calmados, estamos aquí para orientarlos. 

Muy aparte de la propagación que tengan, desde hace algún tiempo los mitos se han vuelto muy molestos, principalmente porque los difusores son personas que no tienen ni una pizca de conocimiento real de nutrición, desde entrenadores físicos, vendedores multinivel o hasta mismos nutriólogos. ¡Sí! Nutriólogos con título y cédula, pero al parecer carentes de criterio, que -vaya decepción- malinformados sobre algún tema, transmiten información errónea a personas que prudentemente buscan su consejo, haciendo cumplir la máxima de que un papel no te da erudición. Entonces los nutriólogos de buenas intenciones se dan a la -difícil- tarea de desmentir aquello. 

Y es que cuando una persona tiene noción del conocimiento porque leyó algún capítulo de ese libro de elaboración de dietas, pero ignora su aplicación y no lo complementa con información de otras áreas o disciplinas o no se actualiza, se pueden generar mitos a partir de justificaciones muy convincentes como que en una dieta tradicional sólo se debe calcular el diez por ciento de los carbohidratos totales como azúcares simples provenientes de la fructosa contenida en las frutas, siendo así que en una dieta promedio de dos mil calorías, con un cincuenta y cinco por ciento de hidratos de carbono, únicamente se deben consumir dos frutas al día. Conclusión: "comer frutas engorda".

Really?! 

Si a uno como simple mortal le explican eso es muy factible que lo crea, pero al -o los- individuo que puso de moda tal falacia, se le olvidó explicar que existen otras distribuciones de macronutrimentos, que hay algo que se llama índice glicémico, la presencia y función de la fibra, así como la interacción de estos y muchos más elementos antes de que la inocente fruta se convierta en grasa y aumente el peso de una persona, nada más así, por sus ganas.

Y la falta de profundidad en este tipo de afirmaciones da pie a que la gente piense "Oh, no comeré más frutas porque voy a engordar" antes de salir de su casa rumbo a los tacos.

Amigos, hay muchos datos desacertados rondando por ahí, no siempre falsos, no siempre carentes de sentido, pero que muchas veces no aplican para todas las personas o que están fuera de contexto e incompletos -o que de plano sí son una tontería-. Si tienen alguna duda sobre algo que vieron en Internet, acérquense con su nutriólogo de confianza, ése que siempre les habla con la verdad porque se preocupa por ustedes y no con quien nada más quiere que le compren su nuevo producto sobrenatural que les va a solucionar la vida.  

Con una correcta asesoría van a mantener su peso y niveles normales de grasa. Sean felices y coman fruta. 

lunes, 29 de agosto de 2016

La consulta de nutrición







Desde siempre se le ha imbuido a la población que el único profesionista indispensable que tiene conocimientos que nadie más posee y su trabajo no es sustituible por el ingenio o la experiencia humana, es el médico… y, en parte, es verdad; pero incluso esta acción está mal encaminada, ya que sólo se acude a él hasta que se presenta una serie de síntomas que inhabilita para seguir con las actividades cotidianas, después de haber intentado por todos los medios encontrar una cura por cuenta propia, principalmente por remedios caseros o automedicación.

Es muy poco frecuente que exista una cultura de prevención, en donde lo ideal sería asistir con los profesionales de la salud antes de que apareciera cualquier padecimiento y no después. Asimismo, es inusual acudir con profesionales no médicos de este ámbito, a pesar de que están sumamente involucrados con la prevención y tratamiento de enfermedades, especialmente la primera. No se ha educado a la gente para solicitar asesoría sobre cómo tener un estilo de vida adecuado, mucho menos bajo la explicación lógica de todo el dinero, tiempo y salud que ahorrarían si empezaran a ocuparse por estar sanos en lugar de preocuparse cuando ya están enfermos.

Desafortunadamente, ante la obviedad de que la alimentación es una de las cosas más importantes de la vida, muchos lo ignoran; aspectos básicos como el habitual dolor de cabeza o cansancio que una persona percibe a lo largo del día, pueden tener una causa muy simple: consume menos energía de la que gasta. Todo individuo necesita determinada cantidad de energía –expresada en kilocalorías- que únicamente va a poder obtener de los alimentos; su requerimiento dependerá de su peso, estatura, edad, sexo, metabolismo y la actividad física que realice, es decir, en cada persona es diferente. Si no ha consumido lo suficiente para sus actividades, siendo el cerebro el primer órgano afectado ya que éste funciona a base de carbohidratos –la principal fuente de energía-, presentará, consecuentemente, dolor de cabeza. Y antes de pensar si ya ha comido lo necesario, pensará en qué medicamento tomar para que el dolor cese.

Hay que tener claro que, comúnmente, se ingieren más calorías de las que se gastan, el problema radica en que no se distribuyen adecuadamente, se deja al organismo varias horas sin ninguna fuente de energía y se satura en pocas comidas al día con alto contenido calórico que no será ocupado del todo en ese momento, por lo que, además de sentir fatiga todo el tiempo, el excedente empezará a almacenarse como reserva energética en el tejido adiposo, lo que causará sobrepeso y obesidad a largo plazo, con sus respectivas complicaciones. No sólo la cantidad es importante, la calidad de lo que se consume es un factor determinante en la salud, junto a otros agentes como la herencia y el medio ambiente.

Asistir a consulta con el nutriólogo podría prevenir enfermedades hasta en un 70%, debido a que es el único profesional facultado para prescribir planes de alimentación personalizados al valorar el gasto energético y necesidades individuales, orientando sobre el tipo de alimentos que se deben comer y el momento apropiado del día para hacerlo y, de esta manera, mantener un buen estado de salud.