Común y
trágicamente se tiende a confundir estas tres situaciones por desconocimiento
de su significado. Hambre es
la más usada por su inherencia a la comida y porque difícilmente una persona va
a especificar o aceptar que está ansiosa por -sabrá Odín- qué razón; bajo
circunstancias típicas, como embarazos o postres -o ambas- se designa al antojo. En general, nuestra
cultura es por "naturaleza" perezosa, hasta para hablar
correctamente, verdadera causa por la que se utiliza un mismo término para
cosas en esencia muy distintas.
"¿Porqué
esto es importante, Gaby?", me preguntarán. Yo les responderé que no lo es
en absoluto, pero disfruto llenar sus cabezas de puro conocimiento que quizás
les sirva para algo en algún momento de su vida, como romper el hielo con datos
inútiles en una conversación incómoda.
A lo que
nos truje, pues.
Empecemos
con el más simple: el hambre. Irónicamente, como proceso, es el más complejo de
los tres: que la neurotransmisión, que las enzimas, que la acidificación, que
la sucesión psicomotora, que la peristalsis, que esto, que el otro. Ya saben,
trivialidades bioquímicas que no pienso explicarles a fondo. Por
"simple" me refiero a que es más fácil identificarla y, por ende,
eliminarla. Como definición muy propia, digamos que es la condición fisiológica
que indica que nuestras reservas inmediatas se agotaron, que estamos liberando
ácido clorhídrico a lo idiota y que debemos consumir algún alimento lo antes
posible.
Atender a
esta exigencia nos va a librar de: hipoglucemia, que se
reconoce por sudoración fría, temblor y mareo o dolor de cabeza; acidez, ya que
nuestro amigo estómago sigue trabajando tenga o no alimento, que a largo plazo
puede convertirse en gastritis; y, la más horrible de todas, reservas
energéticas, o dicho de otro modo: para evitar que muramos de inanición en
futuras ocasiones, el cuerpo guarda energía en forma de grasa. Sí, el dejar de
comer por muchas horas podría hacernos gordos -a algunos ya les pasó-. Por
fortuna, como toda cualidad fisiológica, deja de ser necesidad cuando se cubre;
es decir, el hambre se quita comiendo.
Sigamos
con el antojo. Éste está diseñado para hacernos sufrir de una manera menos
fisiológica, pero más cruel. Es la idealización de un alimento específico y
puede presentarse simultáneamente con el hambre o solo. En la primera, ambos se
hacen más voraces, pero si seguimos nuestros instintos antojadizos, al menos
respondemos a una necesidad; la segunda es peor, porque si ya estamos
satisfechos pero aun así cedemos ante sus bajos impulsos, seguro estaremos consumiendo
un exceso, lo que también -sí, adivinaron- nos hará gordos.
Finalmente,
la ansiedad. ¡Oh!, el horror. La más fácil de confundir y la más difícil de
quitar. No tengo una definición precisa para ella, pero cuando decimos algo
parecido a "quiero comer algo, pero no sé qué", ahí está. Normal, si
es una que otra vez durante toda la vida. Si se presenta constantemente
entonces es un problema, uno serio. No, amigo o amiga que se identificó con
esto, no es hambre, no es antojo, tienes ansiedad y deberías dejar el ocio un
rato o visitar al psicólogo. Y por si se lo preguntaban, también nos
hace gordos, no sólo por el exceso de calorías que tienen esos Pingüinos innecesarios
de media tarde, sino por el origen de la ansiedad que impone estrés a nuestro
organismo y que, por otro curso bioquímico complejo, crea depósitos de
grasa.
Conclusión,
todo nos hace gordos.
Por si no
habían notado el sarcasmo del segundo párrafo -y del anterior-, es un tema de
suma importancia relativo al autocontrol, ya que si no se determinan de inicio
las sensaciones o sentimientos que generan malos hábitos, éstos no podrán
erradicarse, creando o acrecentando las afecciones físicas o emocionales de las
que, rara vez, se toma responsabilidad -como la obesidad-. Amigos míos, los
invito a hacer este ejercicio de diferenciación y verán lo fácil que es dejar
de tragar como si no hubiera un mañana, en lugar de ir a decirle a su nutriólogo "es que me
quedo con hambre".
Con
permiso, acabo de comer, pero tengo hambre de chocolate.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario